Nuevos talentos: Patricio Burbano

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Cinefilia: Un programa para los amantes del cine.

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Apostar por una revista de cultura en el Ecuador es una tarea suicida

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Conocí a Fidel Intriago (Manabí, 1990) cuando él sacaba adelante las primeras ediciones de Revista Fotograma, una de las pocas revistas dedicadas enteramente al cine made in Ecuador. Todavía recuerdo la presentación del primer número de Fotograma en una de las salas del Cine 8ymedio, escenario habitual de los cinéfilos de la ciudad de Quito. Fidel, que era poco más que un adolescente en el 2009, estaba en el centro del escenario conmovido hasta las lágrimas recordando el esfuerzo titánico que le había supuesto terminar el primer ejemplar de su estupenda revista.

Durante un tiempo la edición de Fotograma se detuvo, pero ahora el ave fénix resurge con el emprendimiento de una nueva aventura que todos los cinéfilos ecuatorianos esperamos impacientes y apoyamos.

Mis respetos y admiración por Fidel Intriago, que a sabiendas de que apostar por una revista de cultura en el Ecuador es una tarea suicida sigue haciéndolo con la misma pasión y entusiasmo de siempre.

¿Cómo empezó la idea de Fotograma? En qué año empezó, bajo qué circunstancias?

Fue en Lima en el 2009. Tenía 19 años, era la primera vez que salía del país, y también era la primera vez que me encontraba con la crítica de cine en serio, como ejercicio, como profesión, como forma de ver el mundo; en un taller que organizó el Festival de Cine de Lima junto a la organización francesa NisiMasa (http:// http://www.nisimasa.com/information/). Ahí junto a otros jóvenes de Venezuela, Bolivia, Colombia, España y Perú debíamos cubrir el Festival de Cine de Lima para el periódico del festival. Fue en ese ejercicio de escritura donde conocí el mundo de las revistas, un mundo que no había en Ecuador.

De ahí en adelante todo fue coyuntural. En mi familia el negocio era la imprenta. Yo era prensista y conocía al dedillo los detalles de impresión de revistas, periódicos y libros, mi hermano es diseñador gráfico y en ese momento tenía a mi lado críticos de toda la región. Tenía las piezas sobre la mesa y era el momento de juntarlas. Antes de volver al país les compartí la idea al resto de talleristas y aceptaron. Eso fue en junio; en diciembre de ese año se imprimió la primera edición.

¿Crees que en el Ecuador ha habido un vacío editorial en cuanto a producción de revistas de cultural en general? ¿Por qué crees que se ha producido este vacío? ¿Falta de apoyo (o interés) del gobierno? ¿Quizás indiferencia del público?

Editar y publicar una revista cultural en este país es una tarea suicida, de ahí el gran vacío que existe. Al final las revistas culturales terminas contándolas con los dedos de una mano, y eso resulta grave. A eso súmale que para acceder a ellas primero tienes que vivir en Quito.

Para Fotograma ha sido difícil. Primero, no vivo en Quito y eso dificulta la gestión de recursos porque allá está el centro de la burocracia. Por ejemplo, en la primera edición salió una publicidad del Ministerio de Cultura que nunca pagaron. Como el tiraje no pasaba de 3.000 las empresas distribuidoras no les interesaba, lo mismo pasaba con las agencias de publicidad. Entonces, me tocaba viajar, ir de puerta en puerta pidiendo apoyos a las instituciones públicas, e ir de librería en librería para que se vendieran.

No se sí ese sea el panorama para el resto, o sólo sea mi castigo por no vivir en la capital, pero así es difícil sostenerse. Por eso luego 3 años y 8 ediciones la revista dejó de publicarse. Al estado poco le interesan las revistas culturales, para ellos la gestión que uno realiza para levantar fondos resulta caridad, es pelarse la cara yendo de burócrata en burócrata, al final les sale mejor elaborar sus propios productos, como fue el caso de la Casa de la Cultura, que tiene su propia revista de cine. En cuanto a las revistas independientes cada edición parece ser la última.

En cuanto al público se refiere no ha sido problema. FOTOGRAMA se vendía (en realidad es muy barata), aprovechaba los festivales de cine locales donde se distribuía bien. Afuera las regalaba. Me iba a festivales internacionales llevaba cientos y las obsequiaba. No me importaba el dinero sino que se enteraran en Ecuador había una revista que en realidad le importaba el cine.

Ahora hemos decido volver a publicarla, preparamos la edición No. 9, con cambios importantes. Se publicará al mismo tiempo la edición impresa y digital, ésta última gratuita. Pero si las quieres impresa sí tienes que pagar por ella. No sé si me quede varado con las impresas pero me rehúso a la muerte del papel.

¿Es importante la circulación de una revista de cine para la renovación de la crítica cinematográfica? ¿Existe verdaderamente la crítica cinematográfica en nuestro país?

Es importante simplemente para la existencia de la crítica. En el Ecuador no podemos hablar de “renovación” porque nunca se ha instaurado una crítica cinematográfica, no se ha construido un diálogo entre los discursos cinematográficos, las películas y el público. No hay generaciones de críticos tampoco. Yo lo que veo son 3 etapas. La primera la del periódico Ochoymedio. Que es un documento histórico de la crítica de cine en el país, sí. Que ayudó a formar a muchos en la cinefilia (entre los que me incluyo), también. Pero al final era el periódico de una sala de cine, y en gran medida se dedicaba a explorar exclusivamente su programación, el resto quedaba fuera. La segunda es de las revistas, que vino en la década en curso, comenzó con FOTOGRAMA, luego vino ZOOM, ACHE y ahora último 25 WATTS, las tres primeras independientes y FOTOGRAMA es la que queda en pie con ganas de seguir; la última es la revista de la Casa de Cultura. Por último y más dispersos, son los blogs. Hay muchos pero más se encuentran reseñas y poquísimos son exclusivamente de cine.

Aun así lo que existen son miradas, que de vez en cuando aparecen y pocas veces confluyen para prolongar una mirada estética de una película o fenómeno audiovisual en particular.

El 2015 es un ejemplo. Se estrenaron 12 películas en salas y se habrán publicado 2 críticas sobre alguna de ellas. No digo que sea obligatorio escribir sobre alguna

película, debe haber una motivación para llegar al ejercicio de la escritura, pero da un panorama de cómo está la discusión cinematográfica en el país, porque en este análisis también se incluye a los medios de comunicación, donde desde hace varios años ya no se lee, siquiera, una crítica de televisión,

En otros lados por lo general el crítico está vinculado con la programación, lo que resulta muy nutritivo, pero en Ecuador estamos vinculados con la producción y realización, y de pronto comenzamos a hablar de los fomentos, de distribución, de la exhibición, de problemas que han existido, existen y existirán siempre en cinematografías emergentes como la nuestra y nos olvidamos de las películas, nos descuidamos de hablar de cine. Ese también ha sido un problema.

¿El mejor cine ecuatoriano es el que aún no se ha filmado?

El poeta y crítico de cine Galo Alfredo Torres decía que el cine ecuatoriano aún es un proyecto en ciernes, que está pagando sus deudas con los públicos. Ahora esos públicos están comenzando a responderle, no sé qué está esperando la crítica para también comenzar a pasar factura. En ese sentido no hay un mejor cine ecuatoriano, porque con el que existe apenas sabemos lo que cuenta, falta seguir ahondando en el cómo se lo cuenta.

 

 

Una mujer con luces y sombras

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La escena es memorable: un teléfono repica incesante en medio de la noche. El periodista Robert Krohn es invitado a un encuentro con Verónica Voss, una enigmática y hermosa estrella de cine en decadencia. La cita se da en un lujoso restaurante. Verónica se queja al camarero por la horrible iluminación de su mesa, le exige que apague las luces y encienda únicamente un par de velas. “Luces y sombras: los dos secretos del cine” le dice la actriz a Krohn mientras sostiene un candelabro con su mano derecha. “No entiendo mucho de cine” confiesa Krohn. “No importa” responde sonriendo Verónica “lo puede estudiar en mi”.

¿Pero qué significa la sugerente invitación que nos hace la actriz? Estudiar el cine desde Verónica Voss es hacerlo a partir de todas las grandes actrices de la historia: Vivien Leigh, Esther Williams, Elizabeth Taylor… No en vano la penúltima película de Rainer Werner Fassbinder no solamente es un homenaje explícito a todas ellas, sino que es además la doble reformulación que el director alemán hace de una actriz y de un personaje: Sybille Smith, una de las más importantes actrices alemanas durante la República de Weimar, en pleno esplendor de los estudios UFA, y Norma Desmond, personaje principal de Sunset Boulevard del gran Billy Wilder.

Al igual que Sybille Smith, Verónica Voss es una mujer que lo perdió todo por su adicción a la morfina, volviéndose prácticamente esclava de la doctora que la mantiene prisionera en su propia casa. Y como en Sunset Boulevard, un escritor mediocre entabla una relación amorosa y dependiente con ella.

En esta película Fassbinder rinde también un homenaje a sus maestros, los expresionistas alemanes. No en vano la fotografía está en blanco y negro, con una iluminación de luces y sombras muy contrastada que recuerda la estética que trabajaron directores como Fritz Lang, Georg W. Pabst o Murnau.

Fassbinder emplea un montaje paralelo que nos refleja el estado de conciencia delirante de Verónica Voss, capaz de vivir dos temporalidades y dos realidades simultáneamente.

En una de las escenas más sugerentes y extrañas de la película vemos a la actriz atrapada en su pequeña habitación, tratando desesperadamente de escapar, y al mismo tiempo la vemos celebrando en su vieja mansión acompañada por sus viejos amantes, admiradores y amigos.

La implicación personal del director alemán con sus películas es notable. Él mismo intervino como actor en muchas de ellas. En La ansiedad de Verónica Voss, Fassbinder aparece brevemente en la primera escena, sentado detrás de la actriz en una de las butacas del cine donde ella contempla la película de su propia vida.

Para quienes saben de la atormentada vida íntima de Fassbinder, tampoco les sorprenderá encontrarse con el actor Günther Kaufmann, el gran amor de su vida, interpretando un rol secundario (aparece como uno de los custodios de Verónica).

Con esta película, tercera y última parte de una trilogía que completan El matrimonio de

María Braun y Lola, Fassbinder cierra su ciclo sobre la Alemania de los años cincuenta.

La ansiedad de Verónica Voss es la lucha de una mujer por sobrevivir a pesar de si misma, de la decadencia que le siguió al esplendor de una época, y es al mismo tiempo, la historia de una nación vista por la mirada escéptica de uno de los más grandes directores de todos los tiempos.

Cómo apoyar al Cine Ecuatoriano (desde Facebook)

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Estimados amigos:

Pueden apoyar la Causa del Cine Ecuatoriano, enviando una invitación a sus contactos en Facebook.con este link: http://www.causes.com/filmecuador  La Causa que está abierta en Facebook está asociada con el Sundance Institute. Cuando haya un número considerable de miembros (ahora somos casi 2,000) empezaremos a juntar fondos para financiar proyectos.

Muchas gracias,

Sobre “Este (maldito) país”

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Hace unos días, el documentalista Juan Martín Cueva recibió la noticia de que parte del título de su documental “Este maldito país” sería censudaro por parte de EcuadorTV (la televisión pública del Ecuador). La razón: pues porque la palabra “maldito” podría herir suceptibilidades(…). Yo me pregunto, ¿hasta cuándo se seguirá manejando una política tan conservadora en la televisión pública? Esta no es la primera vez que hacen algo semejante. Hace algún tiempo, exhibieron el cortometraje “Pía” del director Javier Andrade, sin nisiquiera pedirle autorización, y encima censuraron las “malas palabras”. A continuación, un artículo que la escritora Lucrecia Maldonado escribió al respecto:

Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.

Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.

Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.

Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?

Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una  palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia?  Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.

Pre-estreno de “La revolución de Alfaro”, La película

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Ahora que Eloy Alfaro se ha convertido (o han convertido) en el ícono estandarte de la “revolución ciudadana”, seguramente empezaremos a ver una serie de producciones referentes a su figura. Como es el caso de la película “La revolución de Alfaro”, llevada al cine por el Taller de Actores y Fábulas (TAF) del Ecuador:

El TAF (Taller de Actores y Fábulas) es el colectivo que asume la producción del largometraje “LA REVOLUCION DE ALFARO”, la película que se pre-estrenó el 25 de junio precisamente cuando se recordó el natalicio de Eloy Alfaro y la llegada del tren a Quito. 

La función única se cumplió a las 7 p.m. en el Teatro México, en el sur de la capital.

El tema, de gran expectativa,  es sin duda el hecho político y social más importante de nuestra Historia por lo que su realización genera enorme interés, sobretodo, por ver encarnado  al controvertido líder que conmovió a todos los estratos sociales, humanos y económicos en el intento de proyectar el Ecuador a una vida de progreso más libre, justa y civilizada  y  por cuyo ideal ofrendó toda su energía, su fortuna y finalmente su vida. 

El tratamiento de este tema épico con su final trágico, lo dirige Juan Diego Pérez Ponce.  El argumento ha sido adecuado a la abreviación cinematográfica e incluye los hitos fundamentales de la historia, al tiempo que busca mantener la tensión dramática del personaje y su gesta.  

“Pretendemos sustentar una visión de la revolución a la ecuatoriana: partiendo del carácter único del mismo Alfaro y de la alternante relación entre Quito y Guayaquil que va del antagonismo a la alianza circunstancial origen de los hilos de todos los intereses que, en vez de desenredarse por medio de la revolución, van estableciendo la urdimbre para esa red que es el Estado actual”, explica su Director.

El Taf y su iniciativa atendió la Convocatoria hecha por Ministerio de Cultura de Ecuador en 2007 “Pasión por la Cultura” para el apoyo y producción de proyectos culturales, enmarcados en el proyecto “fortalecimiento a la Identidad, creatividad y cohesión Cultural”; fue calificado como “Inversión Cultural”, por lo que comprometió su aporte económico para que se lleve adelante esta producción cinematográfica. Se rodó en Quito, Guayaquil, Manta y Riobamba. 

 Los actores Nayyib Salazar (Eloy Alfaro), Jorge Aguirre (Alfaro joven), Alfredo Espinoza (Manuel J. Calle), Maricela Gómez, Darío León, Andrés Garzón, Javier Negrete, Antonio Ordóñez, Héctor Wall, Nancy Yánez son algunos de los cuatrocientos (incluidos extras y figurantes) que actuaron en esta película.

 La música estuvo a cargo de Marcelo Beltrán, y fue grabada con destacadísimos artistas en el Estudio del Centro Cultural Mama Cuchara. La Dirección de Fotografía corresponde a Jaime Cuesta e Iván Cuesta.  Edición, Franklin López; Edición Sonora, Víctor Caicedo Tobar.  Maquillaje, Fernando Sáez; Vestuario, Ana Poveda; Dirección de Arte, Claudia Maggiorini; Efectos especiales, César Bustamante; Producción Ejecutiva, Patricia Hidalgo.  La Dirección de Producción estuvo a cargo de Rosa Blanca Ponce.

El pre-estreno es patrocinado por la Fundación Municipal Teatro Sucre